El pasado lunes 1 de junio pasó por Santiago de Compostela un grupo de esos de un calibre que se dejan caer con cuentagotas por la capital. El lugar elegido fue el Palacio de Congresos, una sala orientada a dar conferencias que no pega demasiado con un concierto rock, y sumado a que el concierto fuese un lunes ponía los antecedentes un poco cuesta arriba… pero Wilco los superó con un concierto de rock redondo.
El recinto es bastante grande y espacioso, lo cual es de agradecer en uno de los eventos para los que se concibió, pero que en un concierto de rock resultaba frío por tener al público demasiado lejos y, para más inri, con todo el mundo sentado. No sé exactamente a qué se debe que los conciertos de la gira que están dando los estadounidenses sean teatros y salas de conferencias, pero a pesar de ir contracorriente lo llenan con una intensidad y calidad sobre el escenario que pocos grupos actuales pueden ser capaces de alcanzar.
El comienzo fue algo tirando a frío, con la banda repasando con una precisión destacable temas de su extensa discografía (siete discos que llevan ya), sin que les faltase repertorio. Pero según iba avanzando el concierto, la intensidad de su música crecía a la par. Lo que parecía que iba a ser un correcto concierto de rock dio paso a un festival de matices y distintas variedades de rock, en un auténtico recital de una banda que parecía haber nacido para el directo.
Su música fue ganando en intensidad, y pasaron desde el country-rock que los caracteriza a temas con matices más folk, para desembarcar en auténticos trallazos de rock psicodélico rozando el noise rock por momentos en que la fuerza que transmitía cada miembro de la banda sobre el escenario hacía que te olvidases de que en realidad estabas en una sala de conferencias y te transportase al escenario principal de cualquier gran festival. En aquellos momentos en que se sumaban todos los miembros al desenfreno musical y entraban de lleno en un noise rock desatado podías desgranar ese aparente ruido para descomponerlo en preciosas melodías, con unas guitarras que daba gusto oirlas.
Fueron alternando los temas, cambiando de registro y adaptando sus propios temas con una facilidad sorprendente, tocando canciones de toda su carrera, incluyendo el último disco (sin publicar, ejem…). Todo sonaba natural, todo encajaba. Con toda la naturalidad del mundo, los solos de guitarra que hacían levantarse al público y aplaudir daban paso a la suave voz de Jeff Tweedy, que remataba los temas de una forma preciosa, sin que al público nos quedase otro remedio que aplaudir a rabiar. Y así completaron casi dos horas y media de concierto, con dos bises que por duración podrían haber dado para un concierto separado… pero no se hizo largo en absoluto, cada vez que Tweedy cambiaba de guitarra estaba deseando que cogiese otra, que no fuese la última canción en la que la dejaría en el suelo…
Por otra parte, el punto positivo del recinto para el concierto fue la acústica, aunque en esto creo que no estamos de acuerdo todos los que estuvimos allí. Sus canciones estaban llenas de matices, pequeños detalles que sin un buen sonido podrían haber acabado por sonar como mero ruido, pero era un placer poder oír cada detalle de unas guitarras tocadas de una manera increible, o lo suave que sonaba la voz de Tweedy en directo, que no deja de ser lo que había oido en los discos, pero con el añadido de su emocionante interpretación.
Y si la música lo tenía todo para contentar al público, Jeff Tweedy se ganó al público con algún toque de humor entre canción y canción. Agradeció el grito de “Artista!” que le lanzaron (después de adivinar lo que era), alabando el buen gusto de su fan, y animó con cierta ironía al público a acercarse al escenario, aunque no fue hasta los 45 últimos minutos cuando consiguió arrancar a gran parte del público de sus asientos, minutos en los cuales gran parte ya estábamos emocionados con su música y la elegancia y solvencia con la que iban resolviendo el concierto.
Supongo que me he dejado en evidencia ya, pero el concierto me encantó, y lógicamente se ha dejado ver en la crónica. Supongo que habrá gente a la que le emocionasen menos, pero a mi me dio la impresión de que como grupo hay pocas bandas que tengan un directo mejor ahora mismo. Su música en los discos me gusta, pero no tanto como al nivel al que les vi tocar el pasado lunes. A pesar de haber esperado un par de días a escribir la crónica, recordar cómo se dejaron la piel en canciones como “Impossible Germany” sigue transportándome a la fila 33 desde la que les vi en el Palacio de Congresos, y creo que este concierto lo recordaré durante un tiempo más…
Fotografías | Arlindo Pinto (Lisboa), Revista Wego (Sevilla – donde también triunfaron)
Más | Crónica de Sala 11, Opinión de Javier Becerra, Crónica de Desconcierto.


Genial la cronica, aunque despues de leerla me arrepiento más de haberme quedado en casa por culpa de un examen y no la falta de entradas, pero bueno…
Y oye, yo no aguantaria mas de 3min sentado en mi butaca jaja.
Me paso a menudo por tu blog. Sigue actualizandolo que está genial ^^
P.D. Gracias por molestarte en grabar un video por alli por donde pasas jaja.
Un saludo
Muchas gracias por tu comentario, por detalles así es por los que vale la pena pasar el trabajo de sacar las fotos y vídeos
. Por cierto, que esta vez aunque se me pasó avisar, no pude sacar vídeo (estaba muy lejos), así que he usado uno del concierto de Lisboa, que me pareció bastante similar a lo que vivimos allí.
Y sí que tiene delito no haberse dejado caer por allí!
Por cierto, el setlist del concierto fue el siguiente, gracias al usuario tululotres de desconcierto…
Wilco (The Song)
I Am Trying To Break Your Heart
Pot Kettle Black
A Shot In The Arm
Side With The Seeds
Handshake Drugs
Bull Black Nova
You Are My Face
War On War
Jesus, Etc.
Impossible Germany
The Late Greats
You Never Know
Hate It Here
Walken
I’m The Man Who Loves You
Hummingbird