Gracias a una de las entradas sorteadas por Desconcierto pudimos acudir al concierto de Woods en el Salón Teatro, que extendía el ciclo de música en directo Sinsal, que este año tiene otros artistas de nivel en su cartel, como The Dodos (17 de diciembre en Vigo) o Kings of Convenience (fue el 13 de noviembre en Vigo, y estuvo bastante bien). La parada por Santiago precede su paso por el Primavera Club, y están catalogados como una de las sorpresas musicales más destacables de 2009.
Con la referencia de su disco “In the woods” pasado unas cuantas por Spotify acudimos Ruky y un servidor a ver qué salía en directo de un disco tan “distinto” y que fácilmente podría clasificarse como extraño. La cosa empezó con el carácter extravagante que sugiere su música melódica, con el “DJ” del grupo yéndose rápidamente al suelo tras salir a escena y encender una barra de incienso sobre el escenario. Lo de “DJ” del grupo lo entrecomillo por una razón, y es que los sonidos que usaba para crear el ambiente sonoro sobre el que se basaban las piezas de la banda no era generado desde discos, sino que usaba música grabada en cassettes…
Con el incienso del DJ dando ambiente a la sala, comenzó el despliegue musical del cuarteto neoyorkino, soltando temas en ocasiones inclasificables por lo cambiante de su estilo. La guitarra normalmente encajaría perfectamente en un tema rock, pero de vez en cuando se transformaba en una suerte de sitar indio y el tema pasaba a sonar como una transformación psicodélica de alguna canción del folk hindú. En cualquier caso, el aura que transmitía su música, y la cercanía que evocaba su cuidado sonido de aspecto descuidado resultaba muy atrayente para dejar bailar la cabeza al ritmo que marcaban (lo de bailar era más complicado por ser en un teatro, pero el ritmo acababa saliendo por todas partes).
De este concierto no tengo vídeo ya que no permitían grabar, pero os hacéis una idea perfectamente con este directo en Dallas…
Al ambiente de experimentación que destilaba el grupo sobre el escenario se sumaba su actitud shoegazer de ensimismamiento y cierto toque freak, resultando una mezcla que incitaba a dejarse llevar de la mano de su música hipnótica. Basta con imaginar la escena, con el DJ sentado en el suelo realizando mezclas con cintas de cassette, mientras “escuchaba” la música a través de sus auriculares colocados sobre la boca y nuca, bailando rítmicamente al son de sus bases, mientras los demás de la banda estaban cada uno pendientes de su instrumento, creando un pequeño caos que por arte de magia se organizaba para entretejer su folk psicodélico.
La pena fue la poca duración del concierto, de una hora escasa y con un solo bis de un tema. Quizás en consonancia con la sensación fría que transmitían sobre el escenario, que no evitó que el público nos quedásemos un buen rato aplaudiendo hasta conseguir nuestro bis, ya que seguíamos absortos en su atmósfera, sensación que tarda en desaparecer. Cuidado, porque enganchan, y en directo más.


