Este año el festival portugués por excelencia, el Super Bock Super Rock, tenía un gran cartel, coincidiendo prácticamente en fechas y cabezas de cartel con el Festival Internacional de Benicassim, que se celebraba los mismos días en el otro extremo de la península. Aprovechando que Lisboa nos queda más cerca de Santiago que la costa valenciana, tras las primeras confirmaciones nos animamos a estar por allí, porque un cartel con Arctic Monkeys, Arcade Fire y The Strokes de cabezas de cartel no podía dejarse pasar.
Para quienes no lo conozcan, aprovecho y les pongo un poco en situación. El Superrock se celebra en la Praia do Meco, una zona arenosa de pinares a menos de una hora de Lisboa. En esta misma zona se habilita un recinto para acampar, pegado al complejo que alberga los conciertos. Los mayores problemas los causa la localización del festival, ya que tiene accesos muy limitados (una pequeña carretera de dos carriles), y las retenciones alcanzaron un tamaño considerable (llegando a necesitarse varias horas para recorrer el camino desde Lisboa, según se iba acercando la hora de comienzo). Mientras tanto la policía miraba como espectadores del río de coches y autobuses que entraba acceder al aparcamiento del festival, sirviendo únicamente para abrir paso a los vehículos de la organización que intentaban llegar al recinto. A pesar de que la organización comentaba que habían mejorado los aparcamientos, los accesos son indignos para el festival (ya que la cantidad de gente que intentaría llegar a lo largo de toda la tarde sí era previsible).
Una vez dentro del recinto, tienen tres escenarios. El principal en una punta, en una zona con una cuesta natural, y el secundario en la otra punta, en una zona llana rodeada por pinos. En medio, la carpa para la música electrónica y los DJs, normalmente haciéndose notar en los momentos de menos decibelios del escenario grande. Todo ello con un terreno arenoso que según se va animando la gente (a caminar, saltar, o simplemente pisarlo) se va convirtiendo en polvo, dotando a la zona de una falsa niebla permanente que justificaba las mascarillas y pañoletas que portaba la gente para protegerse de la arena suspendida.
Una vez superado el atasco de entrada al festival, no sin dudar de si los kilómetros de retenciones tendrían fin, pudimos llegar a la jornada de conciertos. El concierto de Sean Riley and the Slowriders en el escenario Superbock fue agradable, rock and roll con sabor clásico y algún toque blues, pero que ofrecía poco más para conseguir ser recordados. Con Sean Riley sin conseguir engancharnos, se agradeció poder cambiar al escenario secundario a descubrir a Glockenwise, también portugueses. Con un sonido más sucio, pero más intenso, el grupo enganchó a unos cuantos a base de líneas de bajo pegadizas recubiertas de guitarrazos, pero perdió parte del público al comenzar The Walkmen.
En el cambio de escenario ganábamos teóricamente, pasando a ver a un grupo más grande, The Walkmen, pero lo que ganamos fue aburrimiento. Los Walkmen sonaron planos y poco intensos, sin enganchar y sólo al final de su concierto logrando despertar algo de interés, cuando su post-punk poco podía hacer para remontar la actuación.
Mientras, solapando los finales, sin demasiada tristeza les abandonamos para ver un rato de Tame Impala. Rock psicodélico y guitarras bien cargadas de wahwah para iluminar el pinar de colores y disfrutar un rato tranquilo de su música, cogiendo fuerzas para la recta final de la jornada.
The Kooks rompieron la trayectoria de conciertos tranquilos o que enganchaban poco al público, y desde el principio salieron fuertes. Con la gente celebrando cada una de sus canciones y coreando todas sus letras, los Kooks lo tuvieron fácil para contentar a su público. Fueron tocando sin pausa las canciones más fuertes de su primer disco, a la vez que adelantaban la primera canción conocida de su primer trabajo, Junk of the heart (Happy), que también era conocida por el público y así lo demostraron en los coros. El concierto fue divertido tanto para el público como para el grupo, que no paró de moverse y animar, con mucha complicidad.
La siguiente coincidencia en los escenarios volvió a ser completamente antagónica. Mientras El Guincho animaba el escenario pequeño a base de ritmos tropicales y playeros, acompañado por dos músicos, Beirut desplegaba elegancia y tranquilidad folkie en el escenario principal. Mientras con El Guincho me puse a bailar, con Beirut me fui apagando hasta que se me hizo largo el concierto: talento le sobra a la banda, pero la fórmula de metales (trombones, trompetas…) y cuerdas acabó por resultar repetitiva, y si aguanté el sitio fue sólo para conservar un espacio para ver a los Arctic Monkeys. La fórmula de folk intimista plagado de instrumentos se perdía en parte al estar rodeado de varios miles de personas, cuando lo que el cuerpo pedía era algo de ritmo para no sentirse perdido entre la marea de gente que iba consiguiendo entrar al festival.
Imposible fue ver a Lykke Li moviéndose entre la gente que ya nos rodeada, así que mantuvimos la posición para el plato fuerte de la noche, los Arctic Monkeys. Jóvenes e imanes de jóvenes, estuvieron muy apoyados por el público en todas sus canciones, a las que les ha sentado maravillosamente el barniz rockero con que las han decorado, siguiendo la tendencia que sigue su sonido general. animaron mucho a la gente a saltar con sus canciones y corear todos sus estribillos, ayudando a que hiciese acto de presencia la polvareda que confirmaba el entusiasmo del público. Y si los temas de su nuevo trabajo fueron bien recibidos, la locura la causaron los temas de su primer disco, que levantaron a todo el público y pusieron definitivamente a los Arctic Monkeys en volandas.
Con los ingleses dimos por finalizada la primera jornada de conciertos, tras un viaje más cansado de lo previsto por los atascos, y fuimos a probar la zona de acampada a ver si estaba a la altura…




Los accesos, fatal… 3 horas y pico tarde desde Lisboa al recinto… con lo que no pude disfrutar apenas ni de The Walkmen ni de los Kooks,por que habia que cenar alygo y tomar una copichuela en la tienda… Y cometi el error de ir a echar un ojo a Likke Li, por lo que los Monkeys los vi de lejos… y opino igual, Beirut no es tanto para festival, como para un recinto mas pequenho…